¿Soy un Dependiente emocional? ¿Qué significa tener una adicción al amor?

Muchas personas acuden a consulta realizándose estas preguntas. La realidad es que más allá de los diagnósticos y etiquetas que podamos poner, el sufrimiento emocional y psíquico que nos genera este tipo de dependencia es muy grande.

¿A que nos referimos cuando hablamos de la adicción al amor?

Siguiendo a Faur (2007), las características que el dependiente emocional presenta en sus vínculos son:  

La obsesión, se manifiesta a través de un pensamiento recurrente acerca de la relación y de la persona. Invade totalmente la vida del sujeto. Todo lo demás va perdiendo interés, como por ejemplo el trabajo, la familia, amigos, etc. Se dan pensamientos abrumadores de manera constante como ¿me llamará o no me llamará?, ¿se habrá desilusionado de mí?, ¿habré hecho algo mal?, ¿habré dejado de gustarle?, ¿debí actuar de otra manera?

El control de la vida de la otra persona también es característico de este tipo de vínculos. Es un intento conductual y verbal de imponer reglas sobre la vida de otras personas con quienes se tiene un vínculo significativo, principalmente se dará en la relación de pareja. Esto ocasionará de forma casi inevitable un incremento del rechazo y maltrato (verbal, psicológico y hasta físico) por parte de la persona de quien se es dependiente logrando en la mayoría de los casos perder aún más el control tan anhelado sobre esa persona. En esta etapa es muy común según describe Faur (2007), recurrir a sustancias para calmar el estado de ansiedad, generando en casos extremos adicciones cruzadas, como a la nicotina, la comida, sustancias psicoactivas, entre otros.

La tolerancia, también está presente en esta patología. El dependiente, a medida que pasa el tiempo va aumentando la tolerancia al dolor emocional, incluso, comienza a tolerar situaciones, tratos o conductas de la otra persona que nunca pensó que pudiera soportar, de modo que éstas pasan a naturalizarse.

Por último, la abstinencia también aparece como característica. Ante la posibilidad de ruptura o pérdida de la relación, la persona comienza a manifestar síntomas de abstinencia, presentando angustia, ansiedad, insomnio, pérdida del apetito, entre otros.

 

Por otro lado, autores como Moral y Sirvent (2009), plantean la incapacidad para romper o terminar las relaciones; el amor condicional, es decir, dar para recibir; la pseudo simbiosis, es decir, el sentimiento de no estar completo sin el otro; la voracidad de cariño y/o amor; la híper dependencia del compromiso y también, los sentimientos negativos como la culpa, vacío emocional y miedo al abandono.

Estas personas tienden a elegir parejas explotadoras, muestran complacencia ante las demandas y los continuos pedidos de las mismas con tal de preservar su relación y evitar el abandono. Aprenden a soportar desprecios y humillaciones, no reciben verdadero afecto por parte de su pareja, por el contrario, la mayoría de las veces lo que reciben es desprecio y malos tratos.

 

El  Psic. Español Jorge Castelló (2006) referente en esta temática, define la dependencia afectiva o emocional como:

“la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. No obstante, su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones sino en la personalidad de estos sujetos; es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque su patología provoca que busque otra desesperadamente” (p. 2)

 

Por lo que vemos, habría dos aspectos principales en la definición. Por un lado, la necesidad es excesiva y, por el otro, dicha necesidad es de carácter afectivo y no de otro tipo.  


 

EN RESUMEN

Se puede concluir entonces, que los dependientes afectivos toman al objeto de dependencia como un medio y no como un fin en sí mismo, es decir, que lo que importa no es la relación o el vínculo que conforma con su pareja, sino la presencia de un otro que evitará los sentimientos de vacío, de soledad, la preocupación por las emociones y deseos de sí mismo.

 

De acuerdo a lo planteado por Castelló es una patología que debe su carácter crónico a la personalidad de los sujetos. Caracterizada por patrones estables y poco flexibles de pensamiento, conductas y emociones, es decir, que el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja. Aunque como plantea el autor, esto no es lo más habitual porque su patología lo lleva a que busque pareja continuamente cuando no la tiene y a que reemplace rápidamente una pareja por otra.

 

Pensamos que de todos los puntos que influyen en la toma de decisión de no terminar con una relación de abuso hay uno que es el más importante, el miedo, y miedo a la soledad por sobre todas las cosas.

La dependencia es tan fuerte que, a pesar de los malos tratos, no conciben la vida sin su pareja. En una relación de abuso, la mujer generalmente, corta todos sus lazos con el mundo exterior, pierde su grupo de referencia y pertenencia, y el grado de alienación hacia sus familiares puede hacer que ya no tenga diálogo o confianza con ellos. Es así que, de todos modos, la soledad es una realidad a la que se deberá enfrentar.

Resulta llamativo entonces como el dependiente busca tener pareja constantemente para no sentirse solo, pero estas mismas relaciones, al mismo tiempo, lo van dejando solo de alguna manera en tanto se aísla de su familia, de sus amigos y vínculos significativos.


 

Luciana Galati

Psicoterapeuta Cognitiva-Comportamental

Mag. En Psicología Clínica y de la Salud


 

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Referencias en línea

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